Javier Giordano
Dos poemas en honor de Heriberto Boeder


Arquitecto del Logos

¿Quién eres, admirable juez sereno?
Pureza es tu misterio transparente,
AGAPE que recibe de la fuente
lo que es y lo que ha sido en tiempo pleno.

La Historia, el Mundo en equilibrio cierto,
el todo has concebido parte a parte,
con firme mansedumbre y no sin arte,
cual águila que abarca el cielo abierto.

Nos fue envolviendo así la luz más clara,
la paz en la justicia: un orden puro,
que vas mostrando más y más seguro,
espejo hoy, y luego cara a cara.

¡Qué nueva cuando descubriste el oro
que dora feliz filosofía
y cómo es su verdad una SOPHIA
que guarda en el Lenguaje su tesoro!

¿En Elea alcanzaste esta honda vista?
¿Con Aurelio, con la otra luz, la altura?
La santidad de la razón ya pura
te alumbra en esta obra de amatista.

Al Champaquí como al Olimpo veo,
me aquieto como el cierto en cierta fuente,
y un raro don le entregan a la mente
tus escritos que leo y que releo.

Entonces con el LOGOS acordado,
mientras la faz de Achala la luz colma,
me siento a ver correr el Panaholma
de tu obra arquitectónica admirado.



Alkinoo

Llegué hasta este río manso y suave
y en su sabio regazo fui acogido.
El velo que hasta aquí me había traído,
aquel que me hizo leve, se hundió grave.

El simple amparo que cobija el ave
en bosque nemoroso y recogido
de íntimos olivos tejió un nido
que ATHENA da al que sabe que no sabe.

Yo he visto el más acá - en el sitio abierto -
del mundo portentoso y encerrado:
del OIKOS encontré el origen cierto,

el ETHOS comprendí y he alcanzado
dichoso, por NAYSIKAA, en nuestro puerto,
tu nave, al fin, de pensamiento alado.

© Prof. Dr. Martín Zubiria • 2005