Javier Giordano
In spiritus remigio vita

Al filósofo, al amigo

Donde se entona altivo el canto patrio,
en esta tierra andina,
arquitectura gigantesca, atrio
del purísimo cielo,
el espíritu asciende y no declina
pues se alimenta de su propio anhelo.
Aquí el cóndor guía al héroe santo,
la misma paz lo cubre con su manto.
Con la luz de la clara qewr…a
se hace cumbre en la nívea eÙdaimon…a.

Es hora de alabar a los maestros
que creen en las cimas,
que aciertan en el blanco los arqueros,
que tienen buen destino antiguas rimas,
que lo nuevo de nuevo nos es dado,
que gozan de salud y vida, enteros,
los muertos que han matado
cien mil filibusteros
vencidos en la historia,
en Salamina con eterna gloria.
Es hora de entonar certero canto
aquí, donde los ojos admirados
han visto al &Mac247;khbÒloj
y sus dardos airados
mostrar, cubierto por nocturno manto,
que hay causa y hay efecto,
que hay en la razón camino recto.

Fue amada la verdad aquí y tanto
que “hizo grandes cosas quien es Santo”.
Podemos ver los rostros encendidos
pues son especies puras
y no daré los nombres,
no podemos leer en las alturas
las piedrecillas blancas de estos hombres
aún más ennoblecidos.
El corazón posee sus perfiles
pues eran firmes, cándidos, sutiles.
Si fuí en San Francisco confirmado,
así, con nuestro escudo he cabalgado.
Un libro originario fue el preludio,
excelsior, el maestro
decía, señalando hacia la altura.
Correspondiendo al estro
y amando la pureza y la mesura
lo ajeno por la gracia se hizo nuestro:
un pensador humilde y portentoso
nos dio el orden de la paz y el gozo.
Hoy la égloga cuarta de Virgilio
se cumple, más acá de algún Concilio.

Hay paz que ordena y unifica todo
en tres presentes: nada se ha perdido.
Las tres sabidurías dan el modo
especie y orden, su feliz latido
cordial en la quietud del movimiento
persuade a la razón y al sentimiento;
palabra viva, penetrante espada
que llama a cada cosa de la nada;
palabras que dan vida a un orden pleno:
¡las nueve Musas cantan en su seno!
Todo medida, gracia y transparencia,
Justicia indicativa de la parte,
“es Themis”, luminoso mandamiento
y surge la buscada y noble ciencia;
y hay otra más allá, trasciende al ente,
pues vive de la fe y del sacramento;
y hay otra, pura, espíritu que goza,
poiético, de sí, en su misma fuente.
La libertad la autoconciencia crea,
la enérgica pureza de la idea.

Ya más allá, el Mundo y el Lenguaje
como las grullas, mueven guerra airada,
se afirman, fuera, contra el vasallaje,
esferas separadas,
no saben todavía
que son logotectónica armonía
en unidad del propio pensamiento,
serenas en feliz ordenamiento.
La luz divina del concepto abarca
de tres en tres sus tÒpoi en el arca.

Recibiendo del ángel transparencia
un joven decidido
con la sed de sutil autoconciencia
llegando, vio y veneró como Tobías
de claridad en claridad, ardido
el corazón en los gozosos días,
abriendo la promesa
a los que ven, con la piedad, la herencia,
amando en la pureza
la luz en la doctrina de la Ciencia.
¿Qué diremos hoy de esta victoria?
Irrumpa la alabanza
del cielo concedido en nuestra Historia
perfecta, si Razón la alcanza.
Hoy este libro nuevo va a la fuente
como la cierva grácil y obediente.
Aquí feliz encuentro, al fin el hada
que al niño maravilla, al alma alada.
Yo vengo a celebrarlo, como antes,
en cuentos de tesoros y diamantes.



(1) Las palabras que dan título al poema figuran en el escudo de la Universidad Nacional de Cuyo. Esta magna silva, de la que bien podría decirse con San Agustín: 'bonum carmen, canorum numeris et sententiis grave' (De Trin. VIII, 3, 4), fue leída por su autor en la librería “García Santos”, de la ciudad Mendoza, el 17 de noviembre de 2004, con motivo de la aparición del libro Platón y el comienzo de la filosofía griega, de Martín Zubiria. La presentación académica de la obra estuvo a cargo del Prof. Dr. Héctor Padrón.
© Prof. Dr. Martín Zubiria • 2005