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Friedrich Schiller
Tres poemas filosóficos:
Traducción y notas: © Martín Zubiria
EL IDEAL Y LA VIDA
Por siempre clara, y pura y lisa como espejo,
tal leve céfiro discurre
la vida en el Olimpo para los dichosos.
Cambian las lunas y las generaciones pasan,
las rosas de su juventud de dioses
en las eternas ruinas florecen sin mudanza.
Entre sensualidad y paz del alma
sólo el hombre se ve en la dura opción.
Sobre la frente del augusto Uránida
alumbra desposado el rayo de ambas.
Si queréis ya en la tierra a los dioses semejaros,
ser libres en el reino de la muerte,
de su jardín el fruto no arranquéis.
En la apariencia puede gozarse la mirada,
del placer las mudables alegrías
pronto las paga, vengadora, ' la huida del deseo.
Ni siquiera la Estigia, nueve veces cercándola,
de la hija de Ceres el retorno impide,
la mano alarga a la granada y para siempre
la obligación del Orco la sujeta.
Tan sólo el cuerpo a los poderes ' aquellos pertenece
que urden el destino nebuloso,
pero de toda temporal violencia libre,
la amiga de los bienaventurados
marcha en lo alto por los campos de la luz,
entre los dioses divinal, la forma.
Si allá arriba volar queréis sobre sus alas,
arrojad de vosotros el terreno temor.
De la vida mezquina y apretada,
¡hacia el reino escapad del Ideal!
Juvenil, de todas las tachas terrenales
libre, entre los fulgores de la plenitud,
vuela aquí de la humanidad la imagen, ' a dioses semejante;
así como las sombras calladas de la vida
junto al torrente de la Estigia ' caminan luminosas,
así como se hallaba en los prados celestiales
antes de que hasta el triste
sarcófago bajara la inmortal.
Cuando en la vida la balanza de la lucha
aún vacila, aquí aparece la victoria.
No para relajar los miembros tras la lucha,
ni para confortar a los rendidos,
se agita aquí de la victoria, ' fragante la guirnalda.
Potente incluso si descansan vuestros músculos,
la vida en sus mareas os arrastra
y en su vertiginosa danza el tiempo.
Pero cuando se pliegan ' del arrojo las alas atrevidas,
por el penoso sentimiento de los límites,
entonces desde el monte mirad, de la belleza,
la meta alborozados que volando alcanzasteis.
Si de mandar, de defender se trata,
de que unos contra otros ' los púgiles se lancen
en la arena de la ventura y de la fama,
la audacia puede entonces ' chocar contra la fuerza,
y con furioso estrépito los carros
confundirse en la pista polvorienta.
Aquí sólo el valor ' logra obtener la recompensa
que del hipódromo en la meta llama;
doblegará al destino sólo el fuerte,
si el enclenque sucumbe.
Pero aquel que cercado por peñascos
se derramó entre espumas impetuoso,
el río de la vida, manso y liso fluye,
por el callado y penumbroso ' país de la belleza,
y en la plateada orilla de sus ondas
el Véspero y la Aurora se coloran.
Resueltos en un tierno amor recíproco,
unidos en el libre vínculo de la gracia.
aquí reconciliados reposan los impulsos,
y ha desaparecido el enemigo.
Si para dar vida a lo muerto dando forma,
para con la materia maridarse,
cobra fervor el genio laborioso,
se tense entonces del empeño el nervio,
y luchando tenaz el pensamiento
el elemento logre someter.
Sólo para el ahínco ' que nunca en la fatiga palidece,
oculto en lo profundo, ' murmura el hontanar de la verdad,
sólo ante el duro golpe del cincel
ablándase del mármol ' el grano carrasqueño.
Pero se adentra hasta en la esfera de la belleza,
y quédase en el polvo el peso
con la materia que domina.
No arrancada del bloque entre tormentos,
delicada y esbelta, ' como surgida de la nada,
ante la vista embelesada ' levántase la imagen.
Toda duda enmudece y toda lucha
del triunfo en la suprema certidumbre,
ello ha expulsado a los testigos todos
de la penuria humana.
Si de la humanidad en la triste flaqueza
ante la majestad de la ley os encontráis,
si se acerca la culpa a lo que es santo,
entonces ante el rayo palidezca, ' de la verdad,
vuestra virtud, acobardado huya,
avergonzado el hecho, ante el ideal.
No hubo creador que hasta esa meta ' en su vuelo llegase,
sobre este abismo pavoroso
ni barca cruza ni de puente alguno el arco,
ni ancla hay que fondo toque.
Pero de las barreras huíd de los sentidos
hacia la libertad del pensamiento,
y el espantajo habrá escapado
y aquel abismo eterno ha de llenarse;
en vuestra voluntad al ser divino acoged
y de su trono universal descenderá.
La cadena severa de la ley
ata sólo al sentido servil que la rechaza,
desaparece, con la resistencia del hombre,
también del dios la majestad.
Si de la Humanidad los males os asedian,
si Laoconte de las sierpes
con dolor indecible se defiende,
¡que se rebele el hombre entonces! ¡Bata
su querella la bóveda celeste
y vuestro sensitivo corazón desgarre!
¡Triunfe la voz terrible de la Naturaleza,
y las mejillas palidezcan de la alegría,
y a la sagrada simpatía ríndase
lo inmortal en vosotros!
Pero en esas regiones apacibles
donde las formas puras moran,
ya no resuena ' de la aflicción la lúgubre tormenta.
Aquí el dolor no puede desgarrar el alma,
aquí, por el pesar, no corren ya las lágrimas,
del espíritu sólo ' valerosa defensa.
Lisonjero, ' como la luz del iris variopinta
sobre el rocío fragante de la nube estruendosa,
brilla por entre el triste ' velo de la melancolía
aquí el azul sereno de la calma.
Humillado hasta el colmo ' de ser de un pusilánime el criado,
cierta vez, en combate inacabable
recorrió Alcides el penoso ' camino de la vida,
luchó con hidras y abrazó el león,
y para liberar a los amigos, vivo aún,
arrojóse al esquife de Caronte.
Toda calamidad, todo terreno lastre échalo
la astucia de la diosa inconciliable
sobre los hombros dóciles del aborrecido,
hasta que su carrera llega al fin -
hasta que el dios, de lo terreno despojado,
sepárase del hombre entre las llamas
y del éter las leves auras bebe.
Alegre por lo nuevo, por lo insólito del vuelo,
avanza y de la vida terrenal
la penosa visión ' se hunde más y más y más.
Las armonías del Olimpo ' al ya transfigurado
en el palacio del Cronión reciben,
y la diosa de mejillas de rosa
ofrécele sonriendo, por galardón, la copa.-
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